Petra (Jordania)

Era 1 de enero. La mañana fría, pero soleada, auguraba un buen día.

El recorrido por la ciudad de Petra se inicia a pie, pero a los pocos metros, quien lo desee, puede continuar a caballo hasta el comienzo del desfiladero, (unos 600 metros aproximadamente).. En mi caso no quise aventurarme con el caballo, porque no quería perder detalle de lo que contaba el guía y además no quería dejar de sentir ese suelo empedrado, arenoso y desigual bajo mis pies.

 

El primer nombre que recibió Petra fue el de Selá, que también significa roca y ese sigue siendo el elemento que caracteriza toda la ciudad: a lo largo del camino se pueden ver y tocar distintas figuras esculpidas en la roca, tumbas esparcidas aquí y allá, también excavadas en la roca… Y a lo largo del desfiladero, por el que ahora podemos caminar, es la roca la que flanquea este paso y la que en algunos tramos sobresale tanto a ambos lados, que parece como si estuviéramos caminando por un bosque con espesa arboleda, pero eso sí, éste es un bosque rocoso, con ese sonido tan característico y evocador, que nos lleva a imaginar historias.

 

Se dice que Petra es la ciudad de los muertos,sin embargo se sabe que tenía un teatro con una gran capacidad, y se conservan restos que dan cuenta de la forma de vida que llevaban sus habitantes. Por este motivo, algunos piensan que era una ciudad de la vida.

 

Sea como fuere, el caso es que los nabateos se establecieron en esta ciudad de color rosado en un período difícil de determinar, pero que ha dejado una profunda huella y joyas artísticas como la puerta del Tesoro, llamada Kahnez el Faroun, que literalmente quiere decir El tesoro del faraón. Es éste un templo esculpido en la roca, que yo tuve el privilegio de tocar en una reproducción en cerámica, hecha en grandes dimensiones. La maqueta se encuentra en la escuela de mosaico de Madaba y es una auténtica maravilla, por su fidelidad y porque dado su tamaño, se pueden apreciar muy bien las columnas, el pórtico del templo, los capiteles floreados y otros muchos detalles que hacen que este templo sea admirado en todo el mundo.

 

Subí también al monasterio, (900 escalones), que como podréis imaginar, tratándose de roca, eran desiguales, a tramos muchos a modo de peldaños seguidos, a tramos sólo ascenso sin escaleras, pero siempre un camino estrecho y empinado que culmina en la tumba Ed Deir.

 

Además hay un lugar donde sentarse al aire libre y tomar un té árabe o cualquier otro refresco para reponer fuerzas, porque la bajada es más difícil, ya que, además de las ya aludidas escaleritas, era fácil resbalar por la arena acumulada. Sólo el ascenso a este monasterio y el descenso dura dos horas, pero merece la pena.

 

Tan sólo estuve un día en Petra y eso es muy poco tiempo, pero fue un día intenso que terminó con la visita nocturna a la ciudad, esta vez con el camino del desfiladero iluminado por las 1500 velas que habían puesto a ambos lados. Al llegar a la Puerta del Tesoro, todos en silencio, escuchamos música jordana interpretada con flauta. Después nos sentamos en el suelo y en las escaleras para escuchar unas breves explicaciones sobre la historia de Petra y mientras, nos tomamos un vaso de reconfortante té árabe, símbolo de la hospitalidad de ese pueblo.

 

 

Segunda Silva Rivera

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