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Nájera – Santo Domingo de la Calzada

Nájera – Santo Domingo de la Calzada

Etapa del Camino de los Satélites

J. A. Ferrero Blanco.

 

El camino tiene su paz, la de la gente que lo anda, buena, sencilla, esforzada, entregada a la hermandad y la generosidad. Otros, seres sin destino, se apostan a su vera y traman cómo entorpecer, asaltar y saquear sin dar un paso. Éstos acechan, aquéllos viven. Seguir leyendo: Nájera – Santo Domingo de la Calzada

Växjö (Suecia)

Por Ana María Silva

Växjö es una pequeña ciudad ubicada en el sureste de Suecia con una población de alrededor de 50.000 habitantes.
Quien venga a Växjö tendrá la oportunidad de visitar los museos del Cristal, de la Emigración, del Agro.
La Catedral luterana es muy hermosa en su sobriedad.
Los parques ofrecen la posibilidad de agradables caminatas, especialmente el que rodea el lago que lleva el mismo nombre de la ciudad.
En las afueras están las ruinas de un castillo, a la orilla de otro lago que se puede navegar en un barco a vapor declarado pieza de museo.
En el centro de la ciudad hay un activo y variado comercio que se complementa con la feria de los miércoles y sábados instalada en la Plaza Mayor.
Durante el mes de agosto hay otra feria “del productor al consumidor” en una plaza al lado del lago.
Hay restaurantes y confiterías para elejir.
Según la época del año hay conciertos al aire libre o en la Casa de Conciertos.
Hay dos teatros y un cine viejo en que se hacen diversos espectáculos, además de siete salas cinematográficas agrupadas en un mismo edificio.
A pocos kilómetros de aquí están las grandes cristalerías por eso la zona se llama el “Reino del cristal”.
Hay una gran biblioteca con libros en todos los soportes.
Hay diferentes alternativas de alojamiento en la parte central de la ciudad.

Si a alguien le interesa visitar Växö puede comunicarse conmigo a mi correo privado.

Según la época del año, entre tres y cinco días se puede encontrar actividades interesantes en Växjö, por ejemplo llegar un jueves para partir el lunes
siguiente.
A quienes les interese la problemática tiflológica, se puede intentar una visita a la Clínica de bajavisión, a la butique que vende aparatos auxiliares,
al instituto de rehabilitación laboral; claro que no en el mes de julio en donde el país está de vacaciones.

Bueno, quedo a la espera de noticias y de la descripción de otras ciudades porque también yo tengo ganas de viajar.
Saludos viajeros.

(Enero de 2006).

El laberinto de maíz (noviembre 2008)

Puede que estas palabras te evoquen algún juego infantil, el recuerdo de un impulso formado de curiosidad y temor. Pero, si al igual que nosotros, por esos recovecos de la red, lees con sorpresa:

“FORMAS DE VIDA EN LOS LABERINTOS

Viernes 25 de julio de 2008

Laberinto de Maíz en el Camino de Santiago

Ayer, 24 de julio de 2008 comenzamos a marcar las calles del

Gran Laberinto de Maíz Leonés. El maizal presenta este año un aspecto extraño. La siembra fue irregular: surcos enteros vacíos conformando rectas avenidas que se pierden en el falso horizonte del maizal, y una enorme “calva” color tierra a la entrada reluciendo bajo el sol. Cuando el trazado del laberinto se superponga a estas anomalías,

el aspecto final que habrá de adquirir el campo de cultivo es una incógnita. Nos parece que va a resultar más complicado que nunca encontrar la salida.

Hoy concluiremos el marcado. El domingo de mañana se abrirán las calles del nuevo Laberinto y a partir del 1 de agosto el mundo podrá volver a perderse

aquí, en el centro de la provincia de León.”

 

¿Qué harías si te encuentras con esas líneas tentadoras y a la vez bisbiseantes de incertidumbres?

Nosotros, envenenados hasta las médulas del pecado original, tomamos los pertrechos necesarios, y una mañana soleada de noviembre nos dirigimos al lugar.

Tras completar con llamadas de móvil a la Empresa promotora las carencias del navegador, a eso de las 11 de la mañana, Emilio, amable guía, nos recibió junto a una acequia por la que borboteaba el agua.

-La finca que hay a mi espalda –nos dice, tiene una extensión de 10 hectáreas que todos los años sembramos de maíz. Cuando las plantas alcanzan una altura de un metro, con una segadora, la ayuda de marcas en el terreno y un g. P. S., trazamos el dibujo de las calles que forman el laberinto. En su centro, aproximadamente, hay un pequeño claro donde descansa un tronco que tiene grabada una inscripción, mezcla de caracteres prerromanos y de ficción.

Un grupo de personas se acerca e interrumpe la explicación.

Emilio nos presenta a los recién llegados:

Este señor es Enrique, su mujer y sus hijos, y tienen como una de sus aficiones mayores el “geocaching”.

Ese animal, pensamos escépticos, nunca ha habitado el reino de León.

Se trata, nos tranquilizan ambos, de esconder simbólicos tesoros protegidos por una caja de plástico, y que suelen contener, entre otras cosas, un diario o recado para escribir. En una página Web al efecto se indican las coordenadas dadas por el G. P. S. para su localización y, el afortunado que lo encuentre, repite la secuencia, anotando en el dietario el itinerario y demás.

Aunque la intención primera del cachinguista es de preguntar por unos castaños cercanos para aligerarlos de sus frutos, la atracción del laberinto puede más, y cuando el guarda prosigue su breve introducción, y caminando por una estrecha pasarela que salva la acequia, nos indica la entrada y la salida del maizal, junto a nosotros se disponen todos ellos.

Después de una breve deliberación, damos suelta a Tessa y Liana, Dos perras que, a tiempo parcial, trabajan de guías.

La excitación hace que marchemos a buen paso por las estrechas sendas que, si cuando se trazan tienen una anchura de 2,40 metros, al crecer las plantas que las rodean y extenderse sus hojas, apenas si dejarán un espacio de metro y medio. El suelo es bastante regular si se exceptúan algunas roderas de tractor de tanto en tanto, y a la persona que va delante se la puede seguir sin esfuerzo. No así a las perras cuya adrenalina las convierte en temibles proyectiles que van y vienen, encantadas de ignorar cualquier rumbo, pero sin alejarse.

Tenemos en la mente la claridad de una idea: buscar el centro explorando las callejuelas que se abren a nuestra izquierda. Las plantas forman a nuestro paso paredones de una altura nunca inferior a dos metros, y su frondosidad hace que, a pesar de la quietud del lugar, apenas se oiga a otros viajeros hasta que los tenemos al lado o a pique de tropezar con ellos en las encrucijadas. Únicamente, y muy espaciados, soplos de brisa producen un equívoco son de lluvia sobre las ásperas hojas.

Hacemos un alto. Llevamos una hora caminando y somos conscientes de que no hemos conseguido abandonar el sector por el que entramos. Nuestra intuición inicial se ve frustrada pues inexorablemente los callejones que tomamos nos devuelven, no sin antes dar vueltas y revueltas, a otros que ya nos son conocidos. Hacemos acopio de las posibilidades que tenemos de orientación:

Para la persona que ve, la trayectoria de unos cables de alta tensión. Las torretas ni existen dada la espesura.

Los que no vemos contamos con la posición del sol y los estertores de una carretera lejana.

Fijamos aproximadamente nuestra situación, decidimos utilizar ahora las desviaciones hacia la derecha y caminamos de nuevo.

Media hora después, y de sopetón, nos encontramos con un hijo de Enrique (el cachinguista), y unos minutos después con el resto de la familia. Según nos dicen, están utilizando un navegador de G. P. s. para dibujar el plano que van recorriendo. Esto les permite, no como a nuestro instinto peripatético, evitar la repetición de trayectos, pues, pocas cabezas habrá, por grandes que sean, que consigan retener un plano de tantas variaciones. Nos separamos y continuamos la indagación.

Un suelo más blando, roderas profundas y pequeños claros en los que confluyen hasta ocho calles, evidencian que hemos conseguido abandonar el área primera. Esta constatación nos satisface, pero al rato comprendemos que el número de bifurcaciones, y por tanto de errores por repeticiones, se ha incrementado de manera perceptible. La

humedad es muy elevada, el sol está alto y débil, y sin embargo nos sobran las prendas de abrigo y las botas van pesando. Al pasar por una zona en la que las cañas clarean, distinguimos en una paralela cercana la voz de Enrique. Lo llamamos para saber si han

encontrado el tronco con el mensaje cifrado.

-Todavía no, -responde a través de la mordaza del maíz, pero he llamado a Emilio y me ha dado una pista: está a la izquierda de los cables de alta tensión, y justo al lado del punto en el que veáis la cabeza del riego automático.

La espesura nos devora a unos y otros. Nada decimos, seguimos marchando, pero todos pensamos que si con la experiencia y medios que tiene la familia del cachinguista no lo han hallado en dos horas, nosotros, que vamos a cuerpo, ¡Difícil será!

No obstante, alguien del trío, que como no podría ser de otro modo, cree en la fortuna, e incluso en el azar, manifiesta su optimismo de raíz canina por medio de un embarullado criterio de probabilidades que presume ineficiente y al que, incluidas las perras, no presta nadie la menor atención.

Acordamos proseguir la búsqueda del centro media hora más: ya no disponemos de tiempo para dedicar a este experimento.

Tenaces seguimos la referencia de la línea eléctrica. Las sendas, hora nos dejan a la izquierda, ora a la derecha. Un largo bucle nos devuelve al claro de las ocho calles y un sinuoso óvalo también. Como el tiempo adopta múltiples modos de ser, según la percepción, nos parece que cuando algún callejón, por su trazado, nos obliga a alejarnos del tendido eléctrico durante unos segundos, hemos extraviado la buena dirección ¡Como si nos fuese dado despreciar la mala!

Después de un despliegue azaroso localizamos la máquina del riego automático, pero su cabeza no aparece por ninguna parte. Son las 13,30 horas. Resolvemos abandonar la empresa y dirigirnos a la salida.

Las perras corren, se empujan y juegan a caminar, una sobre otra, a seis patas como si el cansancio fuera una de tantas inconsistencias humanas.

¡Maldita sea!

¡Otra vez estamos en el claro de las cuatro calles!

Realizamos los movimientos que estimamos opuestos y…

¡Dios! ¡Estos andurriales ya los hemos recorrido! Unas plantas abatidas así lo atestiguan.

Tenemos clara la posición de la salida y sabemos que no está lejos, pero una traza, casi en espiral nos retiene y empuja al espacio de las ocho calles. Decidimos actuar sistemáticamente. Exploramos una a una todas ellas y el resultado es el mismo: el eterno retorno.

Las palabras de la literatura que nos trajo aquí, crepitantes como los palos de un navío que los elementos agravian, se abren palpitantes sobre las sienes con su densa turbación:

El nuevo nombre del laberinto es, ‘Las ruinas circulares’. “El título del famoso cuento de Jorge Luis Borges sirve de homenaje a este genial creador de mundos y sueños, de lugares, objetos y seres perdidos y olvidados,

de paradojas y destinos entrecruzados en el tiempo y el espacio que habita esa peculiar especie que se proclama humana a sí misma. Borges siempre manifestó su interés y pasión por los laberintos que hacían de la vida un juego inquietante y peligroso en el que cualquiera podría perderlo todo, o perderse a sí

mismo.”

Hacemos un alto para considerar el asunto. El genial argentino, a pesar de todo, es más pesimista que nosotros. La Ilustración y su método anestesian buena parte de la incertidumbre.

Desde un teléfono móvil llamamos a un contacto del laberinto. “el aparato está fuera de servicio.”

Es preciso, por tanto, caminar alejándonos de los claros, tomar metódicamente todas las salidas que aparezcan por la izquierda, y hacerlo rápidamente, porque una niebla va empañando la ya lánguida consistencia solar.

Nadie habla. Sólo el ruido sordo de las pisadas, el desordenado trote de las perras y el fantasma de la lluvia con el que los soplos de brisa estremecen las hojas, distraen el merodeo del agobio.

Secretamente, donde el manantial del pudor todavía es luz de cielo, cada cual se representa, siente o piensa de qué materia estarán trenzados los afanes de aquellos hombres aventurados por océanos, desiertos, selvas y eternos hielos. ¡Cómo sería el poder atronador de sus dioses, la espuela en el alma de sus ambiciones, para hacer llama viva y casi permanente de lo que tan a prisa consume al hombre!

De repente, abriéndose paso por el paredón de maíz, Emilio, el guardián, aparece a nuestro lado.

¿Habéis encontrado el tronco con los jeroglíficos?

Obviando alguna de las reglas del laberinto, tal es la de no abandonar nunca las sendas y echar maizal a través, nos acompaña hasta el lugar deseado que, para alimentar nuestra moral, pocos alcanzan y al que muy cerca teníamos.

El tronco es una hoguera de colores. Son caracteres ilegibles que de izquierda a derecha se agrupan en cuatro bloques: 2, 6, 4 y 4 supuestas letras. Conforman una frase que, según Emilio, está relacionada con una serie de ficción que una televisión exhibe actualmente.

A Nosotros se nos ocurre una de inmediato:

El futuro está aquí.

Emilio ríe y masculla unas palabras acerca de las creencias.

De paso hacia la salida, nos comenta que en la página Web del laberinto van a ir apareciendo claves para descifrar el enigma. Le hacemos saber que, en nuestra calidad de ciegos, toda la página es una incógnita.

-Somos conscientes, dice, y muy pronto será accesible.

Al otro lado de la acequia, en mitad de las tierras, se levanta una estructura metálica por la que nos interesamos. Es un mirador.

Por supuesto, subimos. Arriba, a una altura de unos 7 metros, una pequeña plataforma protegida por una barandilla nos transmite sus vibraciones.

El aire, más frío, más puro, si posible fuese, trae a ráfagas el resuello de los campos, y un diluvio de hojas cercanas avanza lento y sugerente como un fruto que madura a su compás. La amable bestia verde de un millón de escamas, se solaza a nuestros pies, perezosa y calma, aguardando el atardecer.

 

Suecia no siempre es fría y oscura (abril de 2006)

Por Pedro Zurita

 

(Artículo publicado anteriormente en la revista PERFILES).

 

Siempre llamó mi atención que hubiera zonas del planeta donde, en el transcurso de determinados períodos del año, hubiese luz durante las 24 horas del día. Esa realidad tiene lugar en el Círculo Polar Ártico, englobado por el paralelo más cercano al Polo Norte. En el solsticio de verano, el sol -allí- no se sitúa bajo el horizonte a lo largo de las 24 horas; nos encontramos, entonces, con el sol de medianoche. Por el contrario, en el solsticio de invierno no es perceptible el sol por encima del horizonte; es el momento en que nos enfrentamos a la oscuridad de mediodía.

Mis amigos suecos, con encomiable generosidad y eficacia, me invitaron a pasar, en junio de este año, unos días en aquel entorno y disfrutar del fenómeno natural del sol de medianoche.

 

Tierra de extremos

La complejidad del mundo hace que adquiramos, de lo que no conocemos con demasiada profundidad, una imagen excesivamente simplificada. Pensamos en Suecia, y en el Norte de Europa en general, como un ámbito de frío intensísimo, donde “casi siempre es de noche”. Lo cierto es que esa zona geográfica de nuestro planeta está sometida a enormes extremos. Acaso ello explique que los puntos culminantes de invierno y verano se celebren allí con especial solemnidad. ¿Sabían que el 21 de junio es la fiesta nacional en Suecia, con características comparables a nuestra Nochevieja?

Karl Roth, colaborador desde hace muchos años de la Asociación Sueca de Deficientes Visuales (SRF), planificó con inequívoca maestría nuestra estancia en aquel país desde que aterrizamos allí el domingo 16 de junio hasta nuestro regreso a España una semana después. Iniciamos nuestro periplo volando al norte, a la ciudad de Lulea, que sería nuestro centro de operaciones durante esta estancia en las proximidades del Ártico. Contamos con un anfitrión excepcional, Björn Löfstedt, director gerente de la firma productora de impresoras Braille Index, y en una parte de nuestro deambular por aquellos parajes disfrutamos también de la valiosa y agradable compañía de Lennart Nolte, presidente de la SRF, que, junto a Index, fueron las entidades que transformaron en realidad este sueño que yo anhelaba hace años. En esos días, mis sentidos pudieron percibir claramente el palpitar de un indudable verano.

 

En el Círculo Polar

Viajamos hasta Juoksengi, la localidad en la que los sofisticados sistemas de posicionamiento terrestre sitúan el Círculo Polar Ártico geográfico; me describieron el paisaje sin duda hermoso que nos rodeaba; bebí agua cristalina de los ríos de la zona; y hube de conformarme con palpar, disecados, los animales típicos de la región más septentrional de nuestro planeta. Entre ellos, el reno, como los que a menudo se nos atravesaban en la carretera. Su deliciosa carne abundaba en nuestras comidas, como – naturalmente- los pescados de la zona.

Desde Lulea, Björn nos llevó también, esta vez en barca, a visitar la pequeña isla de Liskaer. Y he de confesar que viví la experiencia de una travesía marina plenamente natural, durante la que las olas del Báltico nos acariciaban con indisimulada violencia… Aunque me tranquilizaba la calma que percibía en mis compañeros de viaje, he de confesar que, por dentro, experimentaba cierta sensación de miedo… Como iba junto a quien guiaba la barca, no pude evitar preguntarle si había hecho ese recorrido muchas veces, y si en alguna ocasión no había sido también presa del terror: me confesó que sí.

 

El reloj biológico

Al carecer yo de la posibilidad de cualquier percepción luminosa, mi reloj biológico seguía funcionando regularmente, de forma que antes de la medianoche sentía deseos de dormir, y -de hecho- nunca estuve en pie hasta las doce. No obstante, creía a pies juntillas lo que me decían, pues los signos de vida en nuestro derredor eran evidentes.

Soy muy consciente de que no se daban las circunstancias propicias para ello, pero reconozco que me hubiera encantado convivir de cerca con los pobladores autóctonos de la región, los lapones, o -en lenguaje políticamente correcto- los Samis: montar en sus trineos arrastrados por renos y aprender alguna palabra de su idioma.

El día 21 de junio, celebramos el solsticio de verano en un medio totalmente sueco. Experimenté entonces, como en tantas circunstancias ocurre, el deseo de hablar con soltura la lengua del país… Suecia me atrajo siempre, pues consideraba que allí se han empeñado, con toda seriedad, en la construcción de una auténtica sociedad para todos. Pero su integración en la Unión Europea, y sobre todo los efectos de la mundialización, basada fundamentalmente en factores económicos, hacen muy difícil que Suecia conserve aquel enfoque social. Ello no obstante, algún argumento nos resta para esperar que no se pierdan del todo las esencias del estado de bienestar, del que los suecos han sido durante décadas un auténtico estandarte, pues las transformaciones en este país no han sido la sencilla obra de una minoría; los artífices de aquellos logros han sido, fundamentalmente, las organizaciones sociales de base.

Monte Verde, un santuario natural para todos los sentidos (Costa Rica, febrero de 2006)

POR ROBERTO SANCHO ÁLVAREZ

 

 

Por fin era 4 de enero, los caminantes no videntes y sus guías, estaban listos para visitar La Reserva Biológica del Bosque Nuboso Monteverde.

Mientras la microbús se desplazaba por la carretera panamericana norte, para alcanzar el kilómetro 149 y desviarse a la derecha del río

lagarto, por un camino de tierra que los llevaría a ése santuario natural, el grupo comentaba acerca de lo que encontrarían en los 7 senderos

del bosque nuboso.

Antes del mediodía, el conductor detuvo el auto junto al albergue que durante dos noches y 3 días, ofrecería techo, abrigo y alimento a la

docena de exploradores.

Luego de acomodarse en las dos habitaciones destinadas al grupo, disfrutamos de un exquisito almuerzo que nos dio fuerzas para con mapa

en mano, emprender la primera caminata.

El grupo partió del edificio de recepción, para alcanzar el mirador ventanas, donde el sonido del viento, recuerdan el mar embravecido.

Durante el recorrido por el sendero brillante, evoqué la primera vez que estuve ahí, en ésa división continental, otros amigos no videntes

y yo, sentimos la fuerza del viento, el ruido, como los árboles no pueden crecer porque sus ramas, son quebradas por la fuerza del aire que

solo permite la estatura suficiente para formar la ventana que da nombre a ése paradisíaco lugar.

Al llegar, el tiempo era diferente, los vientos de hasta 120 kilómetros por hora, estaban quietos, la lluvia dio paso al sol y entonces, nuestros

guías, pudieron disfrutar de una panorámica que les mostraba el mar caribe y el golfo de Nicoya , donde con ayuda de unos binóculos, vieron

las embarcaciones que navegaban las mansas aguas del océano pacífico.

24 horas más tarde, lo intentamos de nuevo y ésta vez sí, la lluvia y el viento, se pusieron en contacto con nuestros sentidos, hasta llenar

nuestros espíritus de gozo.

De regreso al albergue, pasamos a la tienda de recuerdos, donde además de camisetas, lapiceros, aretes y otros objetos con motivos alusivos a

la naturaleza, disfrutamos de la presencia de decenas de colibríes que tenían sus comederos cerca de la tienda y que luego, visitaríamos para

encontrar por la noche, a otros fascinantes huéspedes.

Después de la cena, caminamos un rato por los alrededores, donde estuvieron los pisotes compartiendo el espacio con los turistas, la tertulia

se prolongó algunas horas y luego el sueño reparador permitió la aventura del día siguiente.

Antes de las 8 de la mañana, bajamos a desayunar mientras a poca distancia, los bosques enanos sometidos a la furia del viento que les impide

crecer, comparten el territorio, con grandes ejemplares arbóreos coronados por hermosas orquídeas bromelias y helechos, que destacan su majestuosidad,

tocados por lianas y musgos que completan su mágica presencia. Al tomar el camino, sabíamos que la reserva, es el hogar de más de 120

especies de mamíferos, 500 especies de aves, 120 de anfibios y reptiles, protegidas por las más de 3000 especies de plantas que si guardábamos

silencio al desplazarnos, podríamos disfrutar de sus cantos, olores y texturas.

Nos adentramos a la montaña por el sendero roble, el terreno es algo fangoso pero en general, se puede transitar sin mayor riesgo, luego queremos

ir al sendero del puente, que tiene una longitud de 100 metros, pero está en reparación por lo que ése recorrido quedará para el último

día y mientras tanto, nos desviamos al sendero Chomogo, que existe desde la fundación de la reserva, es el más elevado de cuántos senderos

conforman el triángulo visitados por los eco turistas.

A los funcionarios de la reserva, les llamó la atención, como ése grupo de personas ciegas y con baja visión junto a sus guías, pudieran alcanzar

los 1680 metros de altura y regresar a tiempo para almorzar, tomar un descanso y por la noche, emprender la incursión al bosque, acompañados

de Dulce Wilson, una joven y experimentada guía que les mostraría la vida nocturna de la reserva.

A las 7 y 15 de la noche, Los guías empuñaban las linternas, mientras dulce daba algunas recomendaciones para obtener el mayor provecho

de la aventura.

-La naturaleza es tan frágil, que algunas ranas, quedan ciegas si la luz de sus linternas, las impacta en forma directa y si las pusiera en

sus manos, la temperatura las mataría porque ellas son de sangre fría- manifestaba Dulce que poco a poco, nos compartía su conocimiento.

Ante un gran higueron , nos explicó que estaba prohibido dentro de la reserva, pero que de lo contrario, cualquier persona, podría escalar el

higueron por dentro, había suficiente espacio para ascender y además, un estudio de las copas de los árboles que por el momento, tenía sólo

un 5 por ciento de investigación, mostraba datos tan sorprendentes, como que gracias a los vientos continentales, en la cúspide de ésos milenarios

ejemplares, se encontraron, muestras de arena del desierto del Sahara.

Lloviznaba pero el viento era muy leve, ésta condición, permitió preguntarle si los animales, no se caían cuando el viento y la lluvia arreciaban,

-quienes suelen caer, son los ratones y las culebras, pero no se preocupen, en 15 años de guía, sólo dos veces me cayeron culebras y solo

una era venenosa – nos dijo Dulce con picardía.

Si iluminan hacia aquél punto rojo, verán una hembra quetzal, y las guías admiran al ave pero también nosotros nos beneficiamos con su

descripción, -éste helecho es una muestra de solidaridad, sus hojas , son transparentes para permitir que la luz, penetre hasta las plantas

que se ubican más abajo y se beneficien de los rayos solares- en efecto, la textura, es más lisa y a diferencia de otras plantas, los helechos

se mantienen intactos porque sustancias venenosas, no permiten que los insectos se alimenten de ellos.

Antes de finalizar el recorrido, pide que nos coloquemos en fila, que apaguen las linternas y mientras viajamos a “ciegas”, los hongos luminosos

y los insectos con luz propia, se muestran ante la expectación de los caminantes.

Para terminar la noche, Dulce se dirige a los comederos de los colibríes, nos colocamos bajo ellos y sentimos el zumbido de los murciélagos

que vuelan en post del néctar para alimentarse.

Al tercer día, debemos partir pero antes de hacerlo, desayunamos temprano para aprovechar el tiempo que nos queda y recorrer el sendero

bosque Nuboso.

Mientras esperamos a unos compañeros para marcharnos, los nuevos visitantes, bajan sus maletas, nosotros, palpamos las artesanías que el visitante

que ingresó por la noche, realiza en vidrio, ranas, colibríes y otras bellezas que al paso del tubo de vidrio por el soplete, cobran vida

en las manos del artista.

Ya en el bosque, escuchamos las aves, podría ser el quetzal que en su época de apareamiento (por el mes de abril), se muestra con mayor frecuencia,

el camino, lleva al valle de peñas Blancas y como está despejado, los rayos solares, atraen las mariposas y se pueden observar algunas

aves.

Bajamos las gradas hechas con madera extraída de los árboles caídos; el tiempo no nos permite visitar los senderos pantanosos, tampoco el

segundo o tercer refugio, pero cuando llegamos al Sendero el camino, forzamos la marcha para recoger nuestras pertenencias y dejar las

habitaciones que ya esperan los nuevos turistas.

Abordamos el vehículo y a pocos minutos, nos detenemos en la Fabrica de Quesos Monteverde, ahí adquirimos natilla, queso y otros productos

lácteos de gran calidad que se preparan a la vista de los visitantes, como no hemos almorzado, un batido, unos helados o un café, hacen las

delicias de todos quienes por 3 días, dejamos la rutina de nuestras ocupaciones para disfrutar de la naturaleza.

Personas ciegas o con baja visión:

José Mario Garita, José Guillermo Gutiérrez, Olman Hernández, Yorleny Quesada, Roberto Sancho.

Guías: Ada Lucía Avendaño, Ligia Calderón, Patricia Rodríguez, Tania Sancho, Olga Zúñiga.

Acompañantes:

María Luisa Avendaño, Gladis Avendaño y Mikel Rivera.

No videntes viajan por encima de los árboles (Costa Rica, febrero de 2006)

Por: Roberto Sancho Álvarez

El vehículo llegó a la Fortuna de San Carlos, la conductora hizo una maniobra precisa y el grupo descendió para dejarlos frente a una

de sus mayores aventuras: viajar a alta velocidad por encima de los árboles.

Levante el pie izquierdo, ahora el derecho, el joven empleado de la compañía

Sky Trek, les ceñía el cinturón y les entregaba los cascos para finalizar con un par de guantes que en minutos, entrarían en contacto con la

velocidad, aventura y adrenalina del grupo de aventureros no videntes y sus guías.

Mientras esperaban, el sonido del metal, los cinturones y la incertidumbre, daban paso a las bromas, “esto suena como las carlancas de la

Isla de San Lucas”, “seguro de aquí lo enganchan a cada uno para formar un tren de ciegos hacia el vacío…” pero el instructor ya se

dirigía hacia el teleférico.

Uno a uno, subió a la estructura y luego, se pusieron en marcha, el ascenso era lento, algunas ramas les recordaba su presencia y despertaba

su imaginación , las aves cantaban para que se enteraran de su saludo de bienvenida a la naturaleza.

Al finalizar el recorrido de 1300 metros, descendieron a la plataforma donde les mostraron un grueso cable que los guiaría por el espacio

que bajo sus pies, alcanzaba alturas hasta de 196 metros.

El momento por fin llegaba, se requería un voluntario, lo pensé un momento

y … levanté un tanto la mano y ahí estaba, pronto entendería el rol del casco, cinturón y aditamentos en mi cuerpo.

Del grueso cable, pendía la polea una estructura con una especie de manubrio, coloqué una mano a cada lado me senté en el aire y… allá

voy…

La experiencia se repitió 8 veces, y lo mismo hicieron mis compañeros que en forma decidida completaron el recorrido.

El viento y la tenue lluvia, llegaban a nuestros rostros mientras viajábamos a 64 kilómetros por hora en ése imponente bosque lluvioso.

El primer cable, solo tenía 20 metros de largo, una buena forma de adquirir confianza, experimentar la manera de frenar , colocar el cuerpo

en forma apropiada para desarrollar velocidad y muchos otros aspectos que en otros recorridos de hasta 750 metros serían indispensables.

Al superar cada meta, los viajeros, deseaban pasar al siguiente cable, la algarabía era evidente, los guías describían los rostros,

unos más pálidos que otros, pero todos reflejaban el gozo interior.

“si les movemos el cable de izquierda a derecha es para que frenen”, dijo el instructor , quien hace señas a las personas videntes cuando

desea que ejecuten ésta acción para disminuir la velocidad al ingresar a la siguiente plataforma.

A la una, a las 2 y a las 3… un yuuhuuuuu… se perdía a lo lejos, quienes ya estaban esperándolo, sabían si estaba frenando, venía con

mucha velocidad o si era

hora de alentarlo o molestarlo, cada uno tenía mucho que contar en ésos breves instantes de la espera.

Un integrante del grupo, además de viajar por el canopy, fue designado para grabar en video el arribo de cada uno y luego, él y otros guías,

describían las imágenes logradas.

Eric Chacón, comentó que no imaginaba poderse lanzar en un canopy como lo había hecho pocos minutos antes, mientras que Andrés Carvajal,

representante de la Fundación para el Progreso de las Personas Ciegas, agradeció al propietario de las instalaciones, la oportunidad brindada

al colectivo de personas no videntes.

El señor Rodrigo Valverde, empresario dueño del lugar, afirmó que, las personas con discapacidad, tienen el derecho a disfrutar en forma

segura, de las mismas cosas que quienes no tienen limitaciones aparentes: “aquí hemos tenido visitantes con problemas para caminar y

han utilizado el teleférico y otros sin un brazo o con prótesis en una pierna, nos han acompañado en el canopy, pero todavía esperamos

mejorar las condiciones de accesibilidad para la mayor cantidad de turistas posibles” afirmó el empresario.

El grupo instó a los ciudadanos con discapacidad a recrearse para mantener una buena calidad de vida y afirmaron, que aquellos empresarios

que ofrezcan condiciones de accesibilidad, aptas para todo tipo de público, se estarán asegurando un mercado creciente y rentable que en

países desarrollados, ya marcan la diferencia en los ingresos.

Un hotelito accesible en san Martí de Ampurias (Girona, España, septiembre de 2005)

(Por Paquita García).

 

Yo puedo contaros que mi pareja y yo, que somos ciegos totales y no tenemos

a mano gente que nos acompañe, hace unos años vamos a pasar 15 días a un

hotelito que hay en las inmediaciones de las ruinas de ampurias. Nos lo

recomendaron unos amigos también ciegos y ha sido nuestra solución.

El hotelito, más bien un hostal, tiene unas habitaciones muy sencillas,

aunque cuentan con aire acondicionado. Desde la cama oigo el incesante ir y

venir de las olas del mar y para mí es una música maravillosa que me relaja y

me encanta.

El hotel como es pequeño, es muy fácil de aprender, lo cual nos hace sentir

muy libres.

el desayuno es a base de self service, pero los camareros nos sirven con

mucha amabilidad.

También como alternativa a la comida hay un grill o parrilla en un jardín y

ocurre lo mismo que en los desayunos: nos sirven los camareros, aunque la

mayoría de los días vamos al restaurante.

para acceder a la playa sólo hay que descender dos tramos de escaleras.

Una vez allí tropezamos con la dificultad que presentan las sombrillas, la

gente echada en la arena, las toallas…. pero con cuidado el bastón sirve

admirablemente para sortear los obstáculos.

Sin embargo, siempre acude algún bañista espontáneo que se ofrece a

buscarnos un sitio libre, donde poder poner nuestras toallas.

Para ir al agua, junto a la toalla clavamos el bastón blanco, hacia arriba.

Dentro del agua, aunque es un poco complicado, tratamos de ir hacia adentro,

pero sin desviarnos demasiado a izquierda y derecha.

al salirr, tratamos de andar en la dirección en la que presumimos que están

nuestras cosas, pero siempre hay un buen bañista a punto que, sin siquiera

tener que pedírselo, nos lleva al sitio.

Y para salir, ya es más fácil, puesto que el hotel, más o menos, está

enfrente.

Por no estar excesivas oras en la playa también nos llevamos libros hablados

y en Braille, que leemos en la habitación.

Y a las 8,30, más o menos, salimos del hotel a un paseo muy fácil y recto,

porque se bordea primero la playa, luego una pared de hierba y luego un

muro.Al llegar a unos contenedores de basura, sabemos que hemos de girar a

la derecha y luego, situándonos en medio del camino, debemos hallar una

fuerte subida, que hace como una expiral y nos lleva a la plaza del puebblo

de san Marrtí de Ampurias.

allí se encuentran 4 espléndidos bares de tapas, aunque siempre vamos a

parar al mismo, porque son muy amables y ya nos conocen.

Este hotel se halla en la provincia de gerona. hay un pueblecito que se llama

la escala y otro pueblecito que se llama ssan Martí. Desde Barcelona cogemos un

autocar en una estación de autobuses que se llama la estación del Norte.

allí hay una compañía que se llama sarfa, de la que salen autocares que

paran en la escala, pero tienen el final en el estaartit. Una vez en la

escala se coge untaxi y se le da el nombre del Hotel Ampurias, que se halla

entre los dos pueblos, tirando hacia san. Martí, al lado mismo de las ruinas

de Ampurias.

Os recomiendo reservar lo antes posible. también debo deciros que desde fuera es precioso, pero las habitaciones carecen de todo tipo de lujos. Tienen lo indispensable: baño,

armario para ropa, pero la mínima expresión. el trato es muy amable.

Llamadlos para más información a este teléfono:

972-77-02-07

no sé si este relato servirá de algo a alguien, pero yo he pasado unas

vacaciones muy felices, sin ningún contratiempo y he recargado pilas, para

afrontar las dificultades de la vida en la ciudad con tanta obra y tanto

obstáculo.

Córdoba, caliente y mora (agosto de 2005)

¿Cómo podré decir algo nuevo de una ciudad tan vieja, de la que tanto se ha hablado y de la que tantas y tantos se han enamorado?

 

Trataré, pues, de dar mi punto de vista, perdón, mi punto de oìdo, de tacto, gusto y olfato, contando la experiencia breve, pero intensa, de haber pasado

en ella dos días inolvidables.

 

He de confesarque llegaba con grandes prejuicios, pues sólo la cadencia de su nombre me hacía soñar y desear conocerla y ella no defraudó mi sueño.

 

Me recibió al mediodía, cuando más cantaba la chicharra y a pesar del sol inclemente, me sentí inmediatamente acogida.

 

Fue como si a medida que cruzaba el puente romano, el tiempo retrocediera y me vi sumergida en el sensual mundo andalusí.

 

Disfruté del paseo por las callejuelas estrechas y retorcidas de la Judería, escuchando el peculiar eco de los pasos y de las voces en sus revueltas y

me dejé hechizar por los lamentos jondos que surgían de cada tiendecita, por los olores a cuero y especias de los pequeños zocos y por los aromas

a azahar y jazmín que exhalaban los patios luminosos.

 

Calles tan amables que no dejaban pasar el plomo del sol, pero sí toda la alegría de su luz.

 

Por fin entré en la Mezquita, de la que sólo diré que fue para mí un ámbito de frescor y donde pude percibir un espacio de dimensiones difícilmente imaginables.

Pude, desde luego, aprender bastante de su historia a través de una buena audioguía, pero reconozco que fui incapaz de aprehender toda su grandiosidad

y belleza.

 

Después, ya atardeciendo me deleité con un exquisito té negro a la trufa en la tetería de un hamán donde, además de baños y masajes, había una amplia

oferta de aceites esenciales, aguas aromatizadas y demás productos para el goce del olfato.

 

Cuando salí del local con varios frasquitos en mi mochila, ya era de noche y la ciudad, que durante el día parecía haber sido abandonada en manos de

los turistas, era recuperada por sus legítimos dueños, los cordobeses, que ocupaban los parques con sus sillas plegables tratando de huir del aliento

ardiente que subía del asfalto de las calles. Era la hora de la charla distendida, del encuentro entre amigos y, en fin, de una discreta retirada por mi

parte.

 

Y mi último día en la ciudad aún me reservaba sorpresas agradables. Por la mañana pude sentir el frescor y la sugerente melodía del agua en las fuentes

de los jardines del Alcázar de los Reyes Cristianos y ya por la tarde, gracias al acertado consejo que me proporcionó una amable trabajadora de información

turística, tuve la oportunidad de visitar un espléndido

museo situado en la Torre de La Calahorra. Se trata de un museo interactivo que, a través de bellas imágenes intercaladas con textos filosóficos y poéticos

magníficamente leídos, nos propone una inmersión en aquella Al Andalus que, en sus siglos de esplendor fue ejemplo de desarrollo científico, ético y estéticoy,

ante todo, de interculturalidad.

 

Y tras este impactante viaje a un mundo tan mágico como desconocido, tuve que decir adiós a esta bella ciudad, que ahora recuerdo mientras mis manos

se deslizan lentamente por una piel bien impregnada en aceite esencial de azahar.

 

FURTIVA

Parque temático sobre el Mudéjar (Olmedo, Valladolid – España)

(MARZO 2005)

 

 

La villa de Olmedo, separada unos 25 kilómetros de Valladolid, mantiene un casco histórico digno de atención, tanto como sus alrededores (diríase extramuros), donde se localiza, entre otras muestras asombrosas, la exposición de reproducciones arquitectónicas que el marketing vino en llamar “Pasión mudéjar”.

 

En el interior de un recinto amurallado, aislado del tráfago mundano, se han dispuesto sendas, ya de firme, ya de arena, que nos van dejando frente a maquetas monumentales realizadas a una escala de 1/8, y hasta un total de veintiuna.

 

La mayoría reproducen arquitectura religiosa de estilo mudéjar, cuyos templos originales se hallan dispersos por la geografía de Castilla y León, y, al igual que para éstos, se ha utilizado en su construcción lo que la tierra ofrecía con generosidad: arcilla:

en sus sagradas formas de cerámica, endurecida por el trabajo y el calor para ser ladrillo o sobrio barro que las junturas sacia y, a la vista y el tacto, da cálida entereza.

 

Cada reproducción está encuadrada por un breve jardincillo y sobre un escalón elevado, que si bien persuade, de manera más estética que real, a los extremadamente curiosos, no es impedimento alguno para que las personas ciegas se acerquen a tomar posesión del lugar y sus existencias.

Y decimos de este modo, porque la escala elegida para las reproducciones admite que sea dado conocerlas al tacto, en la mayoría de ellas, de planta a cubierta de campanario, y de fachada principal a su opuesta, pues hay algunas que bien nos caben entre los brazos.

Y aunque nuestra desvergüenza sólo es superada por la curiosidad que nos anima, en este caso diremos de inmediato, que el acceso está así pensado y autorizado.

 

El complejo defensivo conocido como “el castillo de la Mota”, también podremos asaltarlo sin el menor temor, y por su interior caminar desarmados sin más oposición que niños batiéndose desde almenas y torreones, o mayores ascendiendo pesadamente a la torre del homenaje.

 

Estanques y fuentes, unidas al tráfico ferroviario de diminutos trenes conforman el aspecto más lúdico del parque, cuya visita podremos realizar sosegadamente en unas dos horas.

 

 

Respecto a la accesibilidad, hemos encontrado facilidades en todas las instalaciones, incluidos los baños.

 

Por último, destacar que Don Félix Arranz Pinto es el autor tanto de las maquetas mencionadas como de una que, al lado de la recepción , representa todo el parque, permitiéndonos una idea cabal del mismo y no fraccionada.

El ayuntamiento de Olmedo, que sigue encargando más obras, es quien sostiene esta pasión.

 

 

Sancibrián, 15 de mayo de 2005

Para consultas o más información actualizada, se puede visitar:

 

La ciudad de la Plata: museo de la catedral y museo de ciencias naturales

Visita en dos jornadas. Agosto 2004.

 

 

 

A 55 kilómetros al sudeste de la capital federal, Buenos Aires (República Argentina), se encuentra la ciudad de la Plata, a la que por carretera, y en transporte público se tarda una hora bien cumplida.

Tiene la curiosa particularidad, al igual que Brasilia, de haber sido, en su origen, pensada, diseñada y construída a partir de necesidades administrativo-políticas.

Por ello, el plano de la urbe, cuya primera piedra se colocó el 19 de noviembre de 1882,morfológicamente “es un cuadrilátero en cuyo interior las calles son paralelas. Tiene 42 por 42 manzanas y cada 6 calles hay una avenida.

En los cruces de las avenidas, por lo general, se emplaza una plaza o parque. Las calles están numeradas y van de 32 a 72 y de 1 a 31 (las calles que faltan

para completar las 42 manzanas están entre la calle 1 y el límite con los partidos de Berisso y Ensenada y se numeran de 115 a 122). La ciudad fue concebida

con un eje fundacional que se encuentra entre las avenidas 51 y 53 (nótese que la calle 52 no existe dentro del casco urbano, salvo un pequeño tramo en

el extremo oeste, siendo esta la única excepción). En este eje se ubican, entre otros, los edificios del Ministerio de Seguridad y Justicia, el Correo,

la Casa de Gobierno, la Legislatura provincial, el Teatro Argentino, la Municipalidad, la Catedral y el Ministerio de Salud.”

 

A esta descripción, hay que añadir la aclaración, en beneficio de los ciudadanos ya de por sí despistados, que la cuadrícula está cortada por dos diagonales, siendo los viales de buena anchura y las aceras amplias y ansiosas de un discreto mantenimiento.

Por su parte, la catedral se localiza en la manzana comprendida por las calles 14, 15, 51 y 53. Fue comenzada en 1885, innaugurada en 1932 y, al margen de las restauraciones, su proyecto original se ha seguido desarrollando hasta el presente.

Como consecuencia, dos torres de unos 120 metros de altura flanquean la fachada principal. Bajo una de ellas y parte de la iglesia,se encuentran la cripta y el museo, al que se accede mediante rampas.

De él destacaremos que prácticamente todo lo expuesto se puede tocar, existiendo material ex profeso para que las personas ciegas, a través de vaciados en yeso, puedan seguir la génesis del templo, reproducciones de los rosetones, columnas y, sobre todo, una maqueta, realizada en madera, que permite, dada su sección, apreciar la costrucción, sus soportes, cubiertas, arquerías, planta, etc.

 

Tanto para admirar la catedral, que en sus 7000 metros cuadrados tiene, a pesar de su estilo neogótico, siempre detalles que captar, como para disfrutar en el museo o percibir la sensación de estar a más de 60 metros del suelo, un día ventoso, existen visitas guiadas y, en nuestro caso concreto, además, magistrales.

Respecto al museo de ciencias naturales, del que existe sobrada documentación en la red, pues cuenta con una página, destacaremos que dispone también de un Servicio de guías, ciertamente cualificados. Ellos nos condujeron por las distintas salas, permitiendo el acceso a todas las piezas mostradas.

Merece una mención destacada, el esfuerzo que este Centro realiza todos los años, pues, durante el mes de noviembre, reúne una exposición temática para los estudiantes y personas ciegas.

De este modo, se pueden reconocer mediante el tacto, colecciones de minerales, herbarios, especies de animales, su hábitat, etc., que cualquier individuo tendría serias dificultades para ver reunidas.

Para el presente año, nos anunciaron que la muestra se centrará en “plantas aromáticas” de toda latitud y longitud donde las haya.

Por último, reseñar que este museo dispone, por un módico precio, de un C. D. Interactivo que, al menos en parte, es accesible.

 

 

Sancibrián, 30 de septiembre de 2004

 

 

José A. Ferrero